Viaje a Italia – Verona

Para nuestro cuarto día de viaje decidimos visitar Verona. Si quieres leer el resto de los días, al final de esta página encontrarás todos los enlaces.

Verona era de esos lugares que no quedaban cerca de Bolonia, pero tampoco demasiado lejos. Unos 140 kilómetros. De todas formas, salvo el día que tuvimos que sufrir una estrecha y mal conservada autopista de montaña para llegar a Florencia, el resto de lugares que visitamos, están comunicados con autopistas más amplias y que discurren por terreno más llano. Todo el valle del Po, principal río del Veneto y la Emilia-Romagna –y en general de toda Italia-, es la llamada Pianura Padana, o llanura padana, definida entre los Alpes, al norte, y los Apeninos, al sur. Por lo tanto el trayecto es muy sencillo y cómodo.

Previamente, y al igual que para todas las demás jornadas, habíamos buscado el mapa de la dichosa zona de tráfico limitado (ZTL), y localizado lugares donde dejar la furgoneta. Con coche es más sencillo, pues con la “furgo” no podíamos utilizar la mayor parte de aparcamientos subterráneos (por la altura). De todas formas viajamos en domingo y pudimos aparcar en zona azul sin tener que pagar. Si viajáis en otro día de la semana probablemente os será más cómodo ir a un parking situado un poco al suroeste de la célebre “Arena de Verona”, su anfiteatro romano. Está cerca de dicho monumento, de hecho se llama Parcheggio Arena. Es el último punto al que se puede llegar sin entrar en territorio comanche y arriesgarse a una o varias multas, pues el centro histórico queda al norte, encerrado y limitado por un meandro del río.

En dos minutos se llega a la Piazza Bra, lugar amplio, arbolado y muy agradable. En la imagen siguiente, la plaza desde lo alto del anfiteatro. A la izquierda asoma ligeramente el Palazzo Barbieri (del siglo XIX y actual sede del Ayuntamiento), y hacia el centro-izquierda se aprecia el Palazzo della Gran Guardia (en la foto detrás de los árboles). Aunque desprovistos de tan noble historia, las casas pintadas y las terrazas del lado derecho rematan un agradable espacio siempre lleno de turistas descansando o paseando. Entre cedros y pinos encontraréis una fuente y una estatua de Vittorio Emanuele II, primer rey de Italia unificada.

Verona. Piazza Bra
Verona. Piazza Bra

La Arena de Verona se erige magnífica desde el año 30, y aunque le falta casi totalmente el anillo exterior, destruido tras un terremoto en el siglo XII, la visita merece la pena, y además no lleva demasiado tiempo. Albergaba en su origen a 30.000 espectadores. Actualmente, y por motivos de seguridad, 15.000.

Hace muchos años leí dos libros muy simpáticos y entretenidos. La esclava de azul, y La lágrima de Atenea, ambos de Joaquín Borrel. En ellos, un ateniense que llegaba a Roma por primera vez clasificaba a sus habitantes en tres categorías no excluyentes, a saber: hematófagos, o comedores de sangre; crisódulos, o siervos del oro; y litocéfalos, o cabezas de piedra.

Tras semejante taxonomía, uno no puede por menos que asombrarse doblemente: por lo elevado de la ingeniería romana, que permite que el magnífico anfiteatro siga estando en uso tras casi 2.000 años, y porque lo esté para otros menesteres menos cruentos y más propios de gentes que cultivan el espíritu y las nobles artes que aquellos otros para los que se construyó. En fin, ese pensamiento me dura hasta que leo el periódico, creo que nuestros próceres y la humanidad en general siguen compuestos en su gran parte por esos mismos hematófagos, litocéfalos y crisódulos.

Dejo de irme por las ramas. Como músicos (mi mujer y yo) siempre habíamos oído hablar del célebre e importante Festival de Ópera de Verona, que se celebra desde 1913. El verano de nuestra visita, el del 2013, era el festival del centenario, que ya en su origen celebró a su vez el centenario del nacimiento de Giuseppe Verdi, si no me fallan las cuentas, producido allá por 1813. Y no era un centenario cualquiera, pues en vida el célebre compositor exaltó el nacionalismo italiano, y su tan famoso como bello –y trillado- coro de los esclavos hebreos de Nabucco sirvió como canto ante la opresión austríaca. Viva VERDI, gritaban antaño, acrónimo clandestino de Vittorio Emmanuele Re D’Italia. Sí, ese Vittorio, el mismo de la estatua de la plaza Bra.

Para cerrar el cúmulo de coincidencias y memorias, el día en que visitamos Verona, 18 de agosto de 2013, se representaba allí Nabucco, y una grúa se dedicaba afanosa a trasladar todos los elementos del decorado. Una pena que nuestra visita fuera en un momento temprano del montaje, pues aún no se veía nada del decorado.

La siguiente es una fotografía panorámica, realizada montando 26 imágenes, y así, aunque parezca “pequeño”, realmente es grande. Vale, no tan grande como el más grande, el Coliseo en Roma, pero ocupa un honroso tercer lugar, tras el Anfiteatro Campano, en Capua.

Verona. Arena
Verona. Arena

Aparte de contemplar cómo los trabajadores montaban el escenario, las vistas de la plaza y el tremendo trabajo que se imagina detrás de los enormes bloques de piedra nos impresionaron. Si la visitas en verano, seguramente a estas alturas tendrás ya la mollera achicharrada. Puedes dedicar unos momentos a recorrer alguno de los pasillos interiores. En resumen: es una maravilla, pero tampoco esperéis una visita con un largo recorrido lleno de detalles e historia. Era y es un edificio funcional, civil, de bloques toscos y nula decoración –al menos que haya perdurado-.

Verona. Arena (interior)
Verona. Arena (interior)
Google Earth. Arena de Verona
Google Earth. Arena de Verona

 

Era bastante divertido pasear por la Piazza Bra viendo todas las estatuas, columnas y demás elementos que aún no habían sido llevados al escenario.

Verona. Decorados para la ópera
Verona. Decorados para la ópera

Tras un pequeño paseo llegamos a la Iglesia de San Fermo, bonita para detenerse unos momentos, y en la que había un concierto que nos alegró la visita.

Verona. San Fermo
Verona. San Fermo

Tras San Fermo, y pasando lo (poco) que queda de la Porta Leoni, se llega a la casa familiar de la célebre Giulietta. Como con tantas cosas acaecidas en el pasado, la historia no tiene por qué ser la que fue, sino la que ha quedado escrita, y aunque parece que existieron las familias de los Montesco y los Capuleto, o al menos algún grupo político con ese nombre, ni se puede certificar su ciudad de residencia –menos aún la mismísima casa-, ni que hubiera rivalidad entre ellas (no obstante sería una apuesta segura, pues parece que en la antigüedad lo de la rivalidad y los leñazos para un lado y para el otro eran la norma). En fin, que tras distintos relatos llegó Shakespeare y definitivamente dio el magnífico espaldarazo final a la leyenda, tal como se conoce hoy día, de los amantes de Verona.

No es que no me guste la gran historia de amor desmedido y trágico de Romeo y Julieta, es simplemente que el cómo ha ido derivando, y a qué ha llegado en la cultura popular, me estomaga, y bastante.

No entiendo como un candado puede simbolizar el compromiso de enlace eterno. Deduzco que se trata de dejar el candado tirando la llave, claro, por eso es eterno. Pero tras ver multitud de barandillas y demás ornamentos por ciudades de todo el mundo, llenos de candaditos, estropeando en muchos casos las vistas y en ocasiones poniendo en riesgo la integridad estructural de rejas históricas, no le veo la parte “bonita”. Tampoco se la deben ver algunos ayuntamientos, que se tienen que dedicar, cizalla en mano, a romper esos símbolos ya no tan eternos, y por qué no decirlo, un poco incívicos. La atribuida casa es bonita, mucho, pero tiene un muro en su entrada que alguien pintó de blanco para que parejas de todo el mundo escribieran sus votos, también eternos, por supuesto. Actualmente es una superposición tal de garabatos que cualquier intento de ver o leer algo está destinado al fracaso. Es un continuo negro, en el que aun así se empeñan en escribir. Cual rotulador de tinta invisible, porque negro sobre negro, no se aprecia nada de nada. Calculo que cada tiempo la repintan. En fin, allá cada cual.

En la siguiente foto se aprecia la multitud que allí se congrega a diario. Diría que no me parece justo que de todo el conjunto histórico de la ciudad éste fuera el punto más masificado, si no fuera porque resulta que al final, y pese a mis críticas, yo estuve allí contribuyendo a esa masa. En fin, aquí van los candados:

Verona. Candados en casa de Julieta
Verona. Candados en casa de Julieta

Cierro mi crítica feroz a las cursilerías con la última y no menos divertida/inquietante. La costumbre manda y dicta que si quieres encontrar la suerte en el amor debes tocar el pecho izquierdo de Julieta. Es decir, de la estatua de Julieta, que allí en el patio de la casa está plantada sin quejarse. Pues bueno, pues vale. No dudo de las bondades de las caricias, en general. Y ciertamente la estatua, o al menos una parte de ella, luce más brillante debido al sobeteo, pero personalmente prefiero buscar otras turgencias a las que dedicar mi atención eterna.

Verona. La teta de Giulietta
Verona. La teta de Giulietta

La casa parece que perteneció a la familia “Dal Capello”, y data del siglo XII. A mí me viene antes a la cabeza el conocido entrenador, pero antes de que inventaran esto del futbol parece que recordaba más a “Capuletti”. O será la mejor excusa que se les ocurrió. Por cierto, y sin querer desanimar –aún más- a todas las melosas parejas: el bonito y tremendamente fotografiado conjunto balcón + ventana gótica se realizó en el siglo XX. No digo que no se respire cierto romanticismo en el ambiente (eso y también un poquito de “olor de masas”), y ciertamente, si vas a Verona te recomiendo que la visites, pero, sinceramente, no dejes de ver todo lo demás que la ciudad te ofrece.

Verona. Casa de Julieta
Verona. Casa de Julieta

Desde casa y pecho de Julieta se llega en un santiamén a lo que en tiempos del imperio romano fue el foro, y ahora es la Piazza Erbe. Es notable por su animación, sus puestos y su mercadillo, y, por supuesto, por los edificios que la rodean. Un pensativo caminante la contempla.

Verona. Piazza Erbe
Verona. Piazza Erbe

La Torre dei Lamberti, el antiguo ayuntamiento, la Casa dei Giudici, el Palazzo Maffei, o las casas Mazzanti la circundan.

Verona. Piazza Erbe
Verona. Piazza Erbe

En su centro una estatua romana del 380, la llamada Madonna Verona. En la siguiente foto vemos la estatua/fuente y el conjunto de casas llamadas case Mazzanti, de las cuales algunas, o partes de ellas, datan de la Edad Media. Era entonces habitual en Verona pintar las casas, decorándolas con frescos. Se conservan en parte, veamos un atisbo de lo que pudo ser la plaza en la época.

Verona. Case Mazzanti
Verona. Case Mazzanti

Al lado, adyacente a la Piazza Erbe, se encuentra la Piazza dei Signori, también conocida como Piazza Dante. Da fe la estatua del poeta que allí se encuentra, con gesto hondo y pensativo. ¿Estará buscando inspiración?

Verona. Estatua de Dante
Verona. Estatua de Dante

En la plaza hay numerosos palacios de notable importancia histórica y artística, como el Palazzo del comune, el Palazzo di Cansignorio, la iglesia de Santa Maria Antica, el Palazzo del Podestà, o la Loggia del Consiglio. Esta última, del siglo XV, aparece en la siguiente foto:

Verona. Loggia del Consiglio
Verona. Loggia del Consiglio

Cerca de allí el Arche scaligere. Monumento funerario de la importante familia Scaligeri, que gobernaron Verona entre los siglos XIII y XIV.

Verona. Arche scaligere
Verona. Arche scaligere

Desde allí es fácil encontrar lugares para comer. Hay muchos, aunque hay que buscar y elegir, pues la variedad de precios es grande. Encontramos uno junto al río, al este, a buen precio, menos de diez euros por persona (¡y con cubierto incluido!). Descubrimos una de las supuestas comidas típicas del norte de Italia, la cotoletta. Si buscáis el nombre en Google encontraréis muchos ejemplos… de lo que NO nos pusieron. Es decir, nos pusieron algo similar, pero con pinta de sucedáneo. Calculo que por menos de diez euros (¡y con cubierto incluido!) no podíamos pedir más. Otros optamos por un buen plato de spaghetti al pesto. De todas formas el “intento de cotoletta” estaba comestible, y entre la comida, la charlita, y que estábamos al aire, junto al río, y con una buena vista del Castel San Pietro, el rato resultó más que agradable.

Verona. Castel San Pietro
Verona. Castel San Pietro

El Castel San Pietro prometía. De entrada prometía una buena subida, y tras cruzar el Ponte Pietra, allá que fuimos. También prometía unas buenas vistas. En efecto pudimos disfrutar de Verona desde las alturas… y de una fuente que afortunadamente allí había. En la foto, tomada desde lo alto, se aprecian el Duomo y el Ponte Pietra:

Verona. Torre del Duomo
Verona. Torre del Duomo

Por todas partes el omnipresente ciprés, sin el que el campo italiano no es ni campo ni italiano, y que muchas veces bordea las villas y fincas.

Verona. Vistas
Verona. Vistas

La subida merece la pena, aquí una foto panorámica de la ciudad:

Verona. Panorámica
Verona. Panorámica

De bajada hay recovecos, un pequeño anfiteatro, o un jardín con vistas al noreste de Verona:

Verona. Jardín
Verona. Jardín

Del castillo queda el nombre. La edificación actual, en restauración, es una suerte de edificio militar, obra de ingenieros austríacos, que terminaron de rematar la iglesia y castillo que previamente habían medio reventado los franceses a comienzos del XIX. El castillo, del XIV, tampoco fue la primera edificación, pues antes ocuparon el monte una iglesia (de San Pietro) y un fuerte de finales del IX y comienzos del X.

Google Earth. Verona. Castel San Pietro
Google Earth. Verona. Castel San Pietro

Tras bajar lo subido, y cruzar de nuevo el río, pasamos junto al Duomo, catedral del siglo XII de la que únicamente se conserva, tras diversos cambios y reconstrucciones en su estructura, la planta original.

Verona. Duomo
Verona. Duomo

Momento de volver por la Piazza Erbe, y comprar unos vasitos con fruta a los que ya desde la mañana les teníamos echado el ojo.

Vaso con fruta
Vaso con fruta

Rematamos el día visitando el exterior del castillo antiguo –o viejo, a cada cual lo que le suene mejor-, en italiano Castelvecchio, erigido por los Scaligeri y que ahora alberga un museo. Es compacto pero poderoso. Poco decorado, construido a base del omnipresente ladrillo rojo. Puente aledaño y museo visitables, previo paso por caja.

Verona. Castel Vecchio
Verona. Castel Vecchio

De todas formas el día se nos iba, así que sin entrar al museo volvimos a Bolonia, y tras quitarnos el polvo y el sol del camino en la piscina, cenamos al aire libre cosillas que llevamos al vacío desde España.

Google Earth. Visita a Verona
Google Earth. Visita a Verona

 

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