Viaje a Italia – Sirmione y Mantua

Sirmione

Quinto día del viaje, lago de Garda. (Al final del artículo tienes un índice con todos los días). Es uno de los varios y famosos lagos del norte de Italia, junto con el Maggiore, D’Orta y el Como. Creo que el de Garda es el mayor de ellos. Son un conocido destino turístico, y una zona que merece la pena recorrer, a los pies de los Alpes.

En cualquier caso, el de Garda es el más cercano y accesible desde Bolonia, y allí nos fuimos. Es un lago fluvial, alargado y más ancho en su parte meridional. Sus orillas muestran dos zonas bien diferenciadas, por quedar su parte norte -más montañosa y escarpada- hacia los Alpes, y su extremo sur hacia la llanura padana.

Google Earth. Lago Garda
Google Earth. Lago Garda

Una de las opciones es recorrer y visitar los distintos pueblos de su perímetro, así como disfrutar de los miradores y magníficas vistas que uno y otro extremo ofrecen. Otra podría ser navegar por el lago, pues en muchas localidades ofrecen barcas de distinto calado y calibre para hacerlo. Hay también algún parque recreativo bastante popular en las inmediaciones.

Las distintas guías que consultamos significaban de manera especial a Sirmione, justo en el sur, y situado en una península con un largo istmo que divide esa parte del lago. Como quiera que era el punto más cercano desde Verona, ciudad que tiene autopista directa desde Bolonia, donde dormimos, allá que nos dirigimos.

Sirmione. Vistas del lago Garda
Sirmione. Vistas del lago Garda

Muchísima gente, y muchos coches. Primer consejo, no viajes en temporada alta. Segundo consejo, si lo haces, ni se te ocurra intentar llegar hasta el aparcamiento (de pago) que hay junto a su castillo. En la parte sur del istmo encontrarás lugares para dejar el coche de manera gratuita. Así lo hicimos nosotros. Tiene una única pega, y es que para llegar al pueblo tendrás que recorrer el istmo, unos dos kilómetros y medio entre villas pijas caras y coches pijos caros. Dicho paseo es agradable… a ratos. Hay zonas que transcurren junto a la orilla, y en las que puedes caminar descalzo por la hierba, verde y bien cuidada, descansando la mirada en el paisaje del lago. Sin embargo en otros tramos lo que verás serán muros y villas con aspecto de costar un dineral, o el ocasional coche que probablemente valga más que mi casa. Incluso una de ellas tiene helipuerto.

Sirmione. Helipuerto
Sirmione. Helipuerto

Al llegar al aparcamiento previo al castillo, último punto autorizado para circular sin permiso especial, pudimos ver que estaba completo, y hacían dar la vuelta a todos los coches (y eran muchos) que intentaban acceder. Menos mal, porque es lo único que nos alivió algo la caminata, saber que al menos no erramos en nuestra decisión.

El castillo, uno de los mejor conservados de Italia, hace de anfitrión que te recibe a la entrada de la supuesta parte antigua y típica. El castillo, llamado Rocca Scaligera, o Castello Scaligero, cuenta con una curiosa zona de agua amurallada. Si has leído mi relato del día que pasamos en Verona te sonará el nombre de la familia. La señoría scalígera consiguió en el siglo XIII una relativa tranquilidad y prosperidad en la zona.

Sirmione. Castillo de Rocca Scaligera
Sirmione. Castillo de Rocca Scaligera

Es curioso observar, tal y como nos apuntó Pilar en otro momento del viaje, la diferencia entre las almenas llamadas de cola de golondrina, y las rectas. Las primeras, también conocidas como gibelinas, y las segundascomo güelfas. En la foto anterior del castillo se ven muy bien. Resumiendo y simplificando mucho, lo de güelfos y gibelinos viene de sendas facciones que desde el siglo XII apoyaban, al Pontificado o al Emperador del Sacro Imperio Germánico. Vamos, lo de siempre, y aún con distintos nombres vigente hasta hoy día: dándose leña para repartirse el mundo. Según el señor que dominara el castillo, y a qué facción arrimara sus intereses, las almenas tendrían una u otra forma. Las observarás por todo el norte de Italia.

En el castillo de Sirmione encontramos los dos tipos de almena, señal, parece ser, de que las murallas que rematan fueron construidas en diferentes épocas. Tiempo después de que el alcalde de Verona encargara y terminara la construcción original, la zona pasó a estar bajo la influencia de la República de Venecia, y el muelle de madera existente se amuralló. Rodeando el castillo también hay un foso que lo circunda, y que está abierto al lago.

Sirmione. Foso del castillo
Sirmione. Foso del castillo

Durante todo la mañana compartimos la sensación de que lo de pueblo típico debió ser cuando mi bisabuelo llevaba pañales, ahora es un destino turístico de primer orden. Y cuando hay turismo, se mueve dinero, y cuando hay dinero y turistas, florecen restaurantes y las tiendas caras, y el costumbrismo se queda para los libros de fotos antiguas. Ya en el castillo asomaban con frecuencia barcas de recreo.

Sirmione. Detalle del castillo
Sirmione. Detalle del castillo

Distintas zonas de baño, algunas con más “glamour” que otras, con sugerentes entradas a través de frondosa vegetación a hoteles para gentes pudientes. Aunque alguno me contestaría que los ricos también lloran, me atrevería a decir lo otro de que hay una vida mejor, pero es carísima.

Sirmione. Vistas del lago Garda
Sirmione. Vistas del lago Garda

Hay un par de balnearios de aguas sulfurosas, desde los que sale un tubo que desaloja las aguas a la playa pública. Mucha gente se daba el “tratamiento del pobre” junto a dicho drenaje. No dudo de sus virtudes medicinales, pero, sinceramente, apestaba.

Sirmione. Vistas del lago Garda
Sirmione. Vistas del lago Garda

El paisaje era impresionante, con la vasta masa de agua enmarcada por las montañas. Agradable de ver, sin duda, aunque no entiendo la cantidad de bañistas, salvo que no haya otra playa cercana, pues era lo que en mi pueblo venimos a denominar un canchal.

Lago Garda, desde Sirmione
Lago Garda, desde Sirmione

Tras bañarnos un rato, pues canchal o no, siempre es agradable, y con los calores de un día de agosto no vamos a ponernos exquisitos, decidimos recorrer el interior, a la busca del pueblo tradicional.

La zona del pueblo, no muy grande, podría ser muy bonita. Las casas muy bien cuidadas, con flores por doquier y limpias. Pero era difícil encontrar una calle que no estuviera plagada de tiendas y restaurantes. Mucha, muchísima gente, y muchos, muchísimos restaurantes. Vamos, que de tradicional, nada. Os dejo la foto de la única calle que pude encontrar más o menos “limpia”.

Sirmione. Calle
Sirmione. Calle

También logramos encontrar un restaurante, con menos encanto, pero más asequible. De hecho más que restaurante era un pequeño bar con algún plato de comida. En cualquier caso pudimos comer sin miedo a la factura final.

Y muchos hoteles. Alguno ocupando, cerrando y vetando el acceso a una parte importante de Sirmione.

Sirmione. Entrada a hotel
Sirmione. Entrada a hotel

Hay unas ruinas, las Cuevas de Catulo, que ni son cuevas, ni de Catulo. Parece que el poeta vivió en Sirmione, y le asociaron a la villa romana, cubierta por tanta vegetación que parecía una cueva. En el siglo XX dataron con exactitud la villa, posterior a la estancia del poeta, aunque tras descubrir el error se quedaron con su nombre. Son dignas de visitar, y si estás cansado de tanto hotel y villa hay unos pequeños trenes a batería que te acercan rápidamente, previo pago, por supuesto. Elegimos bien el día de la visita, pues las ruinas estaban cerradas, así que media vuelta hacia el coche.

Hay por aquí una villa que fue propiedad de María Callas, y quizá sea oportuno cerrar este capítulo sobre Sirmione diciendo que, en efecto, me parece el lugar apropiado para una diva.

Mantua

Queríamos ver más pueblos, pero si ya en Sirmione estuvimos toda la mañana, se nos desbarató el plan. Aunque no consideramos la mañana perdida, Sirmione no era lo que esperábamos. Nos habíamos quedado con ganas de visitar Mantua, situada junto a Verona, tras dedicar a  ésta última un día entero y quedarnos sin tiempo para más. Como estaba de camino hacia Bolonia, después de comer decidimos parar allí.

Años de estudiar música, leyendo sobre una de las más refinadas cortes del renacimiento, y horas escuchando e idolatrando la música de, entre otros, Monteverdi (durante un tiempo al servicio de los Gonzaga, duques de Mantua), habían ido formado una imagen de dicha ciudad en mi mente. No en vano, pintores, arquitectos, escritores y músicos poblaron sus calles, y la imaginaba luminosa, crisol de poder y cultura.

No puedo evitar poner aquí un vídeo, del siempre interesante Jordi Savall, con la célebre fanfarria que escribió para sus patronos mantuanos. La usó para su Orfeo, estrenado en Mantua allá por 1607, y para sus Vísperas de la Beata Virgen. (Nos gusta tanto que la de las Vísperas la elegimos como entrada para el día de nuestra boda). Savall, siempre soberbio en sus interpretaciones, y obsesivo con la corrección, nos deja esta versión del comienzo del Orfeo, para mi gusto algo excesiva en su puesta en escena, pero que sirve para ilustrar cómo sería la entrada del duque en el teatro de la corte:

La entrada a la ciudad por el este es bella, con el casco histórico reflejado en las aguas del lago. Si logras olvidarte de las altas torres del polígono industrial que acabas de atravesar, tienes la sensación de estar volviendo a esa época dorada que  había recreado idealmente antes de la visita. No sé si es porque la tarde se nubló y amenazaba lluvia, o que, como sucede con las ciudades con mucho patrimonio, es difícil mantener todo en perfecto estado. El caso es que me tocó aterrizar y matizar ese espejismo que llevaba en mi cabeza, en este caso enturbiado por el mal estado general de toda la ciudad. No es que fuera algo tremendo, simplemente poco cuidado, sucio.

Mantua. Piazza Paccagnini
Mantua. Piazza Paccagnini

Son edificios que ofrecen mucho más en una visita a su interior que de un paseo por sus exteriores. El conjunto del Duomo, palacio ducal, y resto de edificaciones de la Piazza Sordello está bien, pero no despertó pasiones. Habrá que volver y entrar al palacio.

Mantua. Piazza Sordello
Mantua. Piazza Sordello
Mantua. Piazza Sordello. Duomo
Mantua. Piazza Sordello. Duomo

El Castello di San Giorgio, de ladrillo rojo, tiene unas respetables dimensiones, una zona verde y vistas al lago, pero el foso tiene mucha basura flotando y el aspecto general es el de algo a lo que no se le está prestando la atención debida. Esto no se aprecia en la foto, pues el césped, lo único bien cuidado, y el punto de vista del fotógrafo, evitando las botellas de plástico (entre otras cosas) que flotaban en el lodazal del foso, lograron una imagen que permite imaginar lo que podría ser una bella ciudad cuya visita, sin embargo, te deja una ligera sensación de desazón.

Mantua. Castello di San Giorgio
Mantua. Castello di San Giorgio

Y ya que hablo de música no puedo dejar de mencionar a Rigoletto. Verdi, basándose en la obra de teatro Le Roi s’amuse, de Víctor Hugo, compuso una célebre ópera. Las autoridades, desde Venecia, vetaron la obra. Parece que describir al rey de Francia como un cínico e inmoral seductor no gustó a los censores austríacos. La solución adoptada fue trasladar la acción a Mantua, y los personajes a una corte y un ducado que ya no existían, y que por tanto no se iban a ofender.

Al igual que pasara en Verona con Romeo y Julieta, lo del “se non è vero è ben trovato” parece que gusta, y aquí también se dedicaron a buscar localizaciones reales para la historia ficticia. En una casa junto a la catedral hay una estatua del célebre bufón jorobado que da nombre a la ópera: Rigoletto. Por cierto, acostumbrado a ver en vídeo a Ingvar Wexell como Rigoletto, con Pavarotti como duque de Mantua, o en otra versión conocida a Plácido Domingo también como Rigoletto, me hace gracia ver en la escultura a un bufón algo más “escuchimizado”.

Mantua. Rigoletto
Mantua. Rigoletto

Y desde allí, no demasiado lejos, la Basilica di S. Andrea, oh casualidad, su portada da hacia la calle Giuseppe Verdi.

Mantua. Sant'Andrea
Mantua. Sant’Andrea

Junto al estadio de futbol y a las pistas de atletismo está el Palazzo Te. Hay cierta confusión, pues a veces es también llamado “del Te”, aunque el “Te” hace referencia al nombre que tenía el lugar (Isla Te), y no a la célebre bebida. Entonces Mantua estaba rodeada por lagos, y en ellos una isla llamada “Teito” que se abrevió después y quedó en “Te”. Lo construyó, o lo mandó construir, más bien, Federico II Gonzaga, de los Gonzaga de toda la vida, que entonces, a comienzos del XVI, era marqués del lugar. Cuentan que la intención era el recreo y divertimento, y dan fe los planos, en los que no entra dormitorio alguno, sino salas y salas en las que el estilo del momento, el manierismo, imperó en los frescos que por doquier se pintaron. Una inscripción dice “este es un Palazzo para el tiempo libre y el gozo, para el honrado ocio del príncipe, quién restaura su energía entre la paz y la calma”. Y debieron ser muchos los frescos, los pintados, pues no quedó centímetro alguno en blanco. Para tener una idea de la cantidad y profusión de la decoración: tras el encargo a un discípulo del mismísimo Rafael, la estructura se levantó en 18 meses, seguidos de diez años completando tallas, esculturas y frescos.

El emperador Carlos V elevó a Don Federico de marqués a duque, tras la impresión que le causó una visita al lugar, o eso dicen las crónicas. Que digo yo que lo llevaría ya pensado, pero queda bien decir que fue por el palacio. Las malas lenguas dicen que entre otras cosas el palacio servía para los escarceos del buen Federico con su amante, Isabella Boschetti, apodada entonces como ‘La bella Boschetta’. Deduzco que se las apañaron sin dormitoris, y que lo de la “diversión y recreo” del palacio, siendo marqués, incluye por defecto tener alguna que otra querida. Giorgio Vasari, célebre por el corredor que levantó en Florencia, conectando el palacio Pitti con los Ufici, y por un libro que escribió sobre la Vida de los Artistas, relata que supuestamente Federico II le confió su sueño a Giulio (el arquitecto y artista director del palacio) de “celebrar la vida en la corte de Mantua a través de un artista que no diseña moradas para los hombres, sino casas para los dioses“.

Mantua. Palazzo Te
Mantua. Palazzo Te

Isabella era hija de un soldado y cortesano. Además de ser la querida del marqués, y tras darle dos hijos ilegítimos, Alessandro y Emilia –mira, la parejita- se casó con Francesco Cauzzi Gonzaga –fíjense en el apellido, todo quedaba en familia- quien murió de forma violenta en condiciones misteriosas, parece ser. Ella misma sufrió un intento de envenenamiento, supuestamente a cargo de la marquesa de Montferrat (no me equivoco, la de Italia con ‘f’, la de España y la del Caribe con ‘s’) tras fracasar el planeado compromiso entre su primogénita –la de Montferrat- y Federico. Por cierto, que debió quedar en un quítame allá esas pajas, pues finalmente hubo boda. Uniéronse marquesados, celebráronse los desposorios, y “consumose” el matrimonio: fueron padres de legítima descendencia, y luego abuelos, entre otros, del Gonzaga llamado Vincenzo, duque bajo el que prestaría servicios Monteverdi. En fin, lo típico cuando no se sabe hacer nada más que el amor y la guerra. Opino que tenían demasiado tiempo libre.

Sea como fuere, el ahora museo es simple y sencillo por fuera, y contiene espectaculares frescos por dentro. O al menos los que sobrevivieron a pillajes y destrucciones posteriores, actividades ellas, todo hay que decir, menos gratas que los amoríos y los recreos del marqués. Ahora entiendo lo de haz el amor y no la guerra. Entre otros destacan los de la Cámara de Amor y Psique, digna de visita. En los 22 pintados episodios se narran mitológicas historias de pasiones divinas, si bien frustradas, trágicas, secretas o no correspondidas. Entre otras la de Amor, o Eros, o Cupido, como prefieras, y Psique, pese a la enfurecida madre de él, Afrodita (o Venus). Se parece un poco, dicen en los libros, a los amores de Federico y la casada (con otro) ‘Boschetta’, combatidos por otra Isabella, de apellido D’Este, muy refinada y culta pero opuesta a su tocaya con tesón, y a la sazón madre del marquesito. Para otra sala Federico encargó pinturas sobre los amores de Júpiter. Vamos, que detecto un tema recurrente en los intereses del Gonzaga.

Como curiosidad, en el Palazzo Te están rodadas las escenas cortesanas de la película de 2010 en la que antes comentaba que Plácido Domingo interpretaba a Rigoletto.

Para terminar, comento que junto al palacio está el estadio de futbol y las pistas de atletismo, y lo que es más interesante, un aparcamiento gratuito. Desde aquí hasta el centro hay una serie de calles con aparcamiento de pago, y más cerca del centro, cómo no, una zona de tráfico limitado a residentes. En la foto siguiente, tomada de Google Earth, una línea roja que asoma a ratos, como el Guadiana, muestra la entrada a Mantua en furgoneta (a la que, no me pregunten por qué, decidimos apodar Spaguetto, y eso que no habíamos bebido). En verde el paseo a pie.

Google Earth. Recorrido por Mantua
Google Earth. Recorrido por Mantua

Para el siguiente episodio, que publicaré en unos días, otro de los platos fuertes: Venecia.

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Verona. Piazza Erbe
Viaje a Italia – Verona

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