Viaje a Italia – San Marino y Ravenna

San Marino

Técnicamente la “Serenísima República de San Marino”, según ellos el Estado soberano más antiguo del mundo. Es uno de estos micro-estados que por azares de la historia mantienen, siquiera de cara a la galería, su “independencia”. Ocupa unos 61 km2, que viene a ser, para quien los conozca, y por hacernos una idea, como el término municipal de Donostia-San Sebastián, el de Guijuelo, La Alberca (Salamanca), o Las Rozas (Madrid).

Desde Bolonia hay que dirigirse hacia la costa, en dirección sureste, y a ser posible en cualquier día excepto en festivo. ¿Y por qué? Pues para no pasar la mitad del día en el embotellamiento de ida, y la otra mitad en el de vuelta. En otra etapa del viaje pudimos comprobar que todo el eje de autovías que va desde TurínMilán, pasando por Bolonia, en dirección al Adriático es un horror de atasco continuo. En el hotel después nos confirmaron que es una zona a evitar en verano y fin de semana o festivo.

San Marino está junto a Rimini, así que decidimos, acertadamente, ir en un día entre semana: sin problemas.

No es necesario ningún trámite para “cruzar la frontera”. Tras dejar Rimini a un lado ya aparece indicada la dirección a San Marino. Tampoco sería necesario, pues desde el nivel del mar en el que nos encontramos, se observa la espléndida estampa de la ciudad encima del Monte Titano, de más de 700 metros de altura.

Hay bastantes zonas de aparcamiento, a veces en la calle, gratuito, otras en parking al aire libre o cubiertos, en general baratas (medio día nos costó unos 4€). Hay unos 14 repartidos por la ciudad. Habíamos elegido uno al aire libre, por aquello del techo de la furgoneta, y por su situación, no demasiado en el centro para que fuera más probable encontrar sitio y menos caro. Habíamos leído, y pudimos comprobar, que es habitual que algún policía se coloque y corte el acceso al centro en cuanto se agoten allí las plazas, que debe de ser enseguida.

Toda la ciudad está en un monte, y por tanto, vayas donde vayas, toca subir o bajar. A la ida, lógicamente, toca subir. Hay escaleras y algún ascensor. Las escaleras las vimos a la ida, el ascensor a la vuelta. Mala suerte.

San Marino. Porta di San Francesco (o del Loco)
San Marino. Porta di San Francesco (o del Loco)

Tras pasar las puertas de la ciudad, el paseo tiene varios atractivos. El primero (para mí) y más espectacular son sus vistas panorámicas de toda la zona, arbolada y muy agradable. Según avances y recorras las calles y los caminos podrás ver leguas de horizonte a los cuatro puntos cardinales.

En la siguiente foto, la vista hacia el suroeste, donde se aprecian las estribaciones de los Apeninos.

San Marino. Vista hacia el SO
San Marino. Vista hacia el SO

O hacia el norte, en primer término Borgo Maggiore, que también pertenece a la República de San Marino, y al fondo, una pequeña franja que asoma, el Adriático.

San Marino. Panorámica hacia Borgo Maggiore (NO)
San Marino. Panorámica hacia Borgo Maggiore (NO)

Desde Borgo hay un teleférico (allí llamado “funivia”) que sube a San Marino (o uno en San Marino que baja a Borgo, según desde dónde te apetezca hacer el trayecto 😉 ).

San Marino. Borgo Maggiore
San Marino. Borgo Maggiore

Otra vista hacia el norte, Borgo Maggiore queda ahora hacia la izquierda, y a la derecha preside (aunque en pequeño por la distancia) una de las tres torres que también son visita recomendada en San Marino.

San Marino. Panorámica entre las dos primeras torres, mirando hacia el N
San Marino. Panorámica entre las dos primeras torres, mirando hacia el N

Si miramos al noreste veremos mejor el mar, pues es la distancia más cercana a la costa, en concreto a Rimini: unos 17km.

San Marino. Al fondo Rimini
San Marino. Al fondo Rimini

Otro punto de interés es la ciudad en sí, con su aspecto medieval. En algunas zonas más, como en el campo para practicar la ballesta –actividad que aún conservan, y de la que hacen encuentros y torneos “de época”- o distintas calles con encanto.

San Marino. Cava dei Balestrieri
San Marino. Cava dei Balestrieri

Y hablando de ballestas, parece que otra de las cosas típicas de San Marino, aunque personalmente está al final de mi lista de interés, son las reproducciones de armas de fuego, navajas, machetes, espadas y demás parafernalia. Las verás por muchas tiendas.

También las colonias y bebidas espiritosas (vamos, en general alcohol, de beber o de echarse por cima) que dicen los entendidos podréis encontrar a menor precio que en Italia (o España).

Siguiendo el recorrido llegamos a lo que vendría a ser la plaza mayor, llamada Piazza della Libertà, con su estatua de la libertad incluida, y un gran paisaje de fondo.

San Marino. Piazza della Libertá
San Marino. Piazza della Libertá

En la misma plaza está el Palazzo Pubblico, y en el Palazzo Pubblico está la Guardia di Rocca, y la Guardia di Rocca hace una de estas típicas ceremonias de cambio de guardia durante los meses de verano.

San Marino. Piazza della Libertá
San Marino. Piazza della Libertá

La ceremonia en sí no tiene gran misterio, y salvo que os encontréis con ella por casualidad, diré que tampoco está muy alta en mi lista de prioridades. Cuando no se andan cambiando siembre hay alguien haciendo guardia, y podrás sacarte alguna foto con él y con su traje. El traje, que bonito sí que es, y él, que tiene más paciencia que el santo Job, y que parece que no ha hecho el mismo voto de silencio que los Cartujos o que los guardias de Buckingham o de la torre de Londres. Al menos por lo que vimos hay varios a la entrada, y salvo el que está tieso como una vela junto a la puerta, se prestan fácilmente, y siempre con una sonrisa, a hacerse fotos con todo aquel que se lo pida. Con posado incluido.

San Marino. Cambio de guardia
San Marino. Cambio de guardia

A falta de unos minutos, decidimos ver la ceremonia. Bueno, vale.

San Marino. Cambio de guardia
San Marino. Cambio de guardia

Siguiendo la subida (y con el consuelo de saber que después será bajada) podrás admirar las magníficas vistas y, previo pago –si quieres- alguna de las tres torres que se alzan en sus respectivas cumbres del monte Titano.

Poco a poco dejamos la ciudad, y el recorrido sigue por un paseo entre las torres, empedrado hasta la primera y la segunda, y por pleno monte hasta la tercera. Es un paseo grato, entre árboles y espectaculares vistas. Entre ramas verás asomar momentos de película medieval.

San Marino. Segunda torre, Cesta, o Fratta
San Marino. Segunda torre, Cesta, o Fratta

Y podrás ver grandes acantilados, dominados por las torres. La primera, llamada Guaita, o Rocca, del siglo XI, luego reformada y amurallada.

San Marino. Vistas de la primera torre, desde la segunda
San Marino. Vistas de la primera torre, desde la segunda

La segunda, llamada Cesta, del siglo XIII y, dice la información turística, la más alta.

San Marino. Segunda torre, Cesta, o Fratta
San Marino. Segunda torre, Cesta, o Fratta

Para la tercera torre, Montale, se deja el empedrado y se accede a través de caminos que discurren por un bonito parque natural. Es la torre más alejada, utilizada como calabozo. No les hacía falta mucha inversión en seguridad, está más apartada, y la puerta se alza a bastantes metros sobre el suelo. En esencia: se mete al preso dentro, se cierra la puerta, y te llevas las escaleras.

San Marino. Tercera torre, Montale
San Marino. Tercera torre, Montale

Toda la ciudad está muy bien cuidada, y es fácil entretenerse con cualquier rinconcito.

San Marino. Detalle
San Marino. Detalle

Aunque hay puestos de comida más o menos rápida (bocadillos, sándwich y similares) a precios razonables (unos cinco o seis euros, según el bocadillo o plato combinado, e incluyendo la bebida), encontramos un restaurante en un alto, justo antes de comenzar el camino hacia las torres, con unas vistas muy apropiadas para entretenernos con una pizza, bebida, café y cubierto por unos 8 o 9 euros cada uno. Había más y más bonitos, pero subían de 15 euros por persona.

San Marino. Restaurante donde comimos
San Marino. Restaurante donde comimos

Para el tema de comer, si no has llevado tus viandas, el paseo entre las torres está cuajado de restaurantes variados, y si hiciste como nosotros, viajar por la mañana, en el paseo de ida podrás otear precios y menús, que hay mucha variedad, y en el de vuelta sentarte en el que mejor te pareciera.

Después de comer deshicimos el trayecto de la ida, y al pasar por las puertas de la ciudad descubrimos un ascensor que va comunicando aparcamiento con aparcamiento, y que nos dejó frente a nuestra furgoneta, “spaguetto”, ascensor que para subir no está anunciado (o al menos no desde la calle).

Si vas a San Marino, el parking señalizado como P10, muy barato y al aire libre (apto para caravanas y furgonetas) está frente al P9 (cubierto). Cuando llegamos a la ciudad un policía te obligaba a usar uno u otro, impidiendo continuar al resto del casco (y de aparcamientos). En el P9 está el dichoso ascensor, o ascensores, que son dos, y que comunican con el parking P1b, sito junto a la Porta del Loco, entrada a la ciudad.

Para terminar con San Marino, comentar que entre vista y vista con tanto horizonte, como tonto, y sí, confieso mi poca cultura automovilística, busqué y busqué, mas no encontré, el circuito en el que se celebraba el famoso premio de Fórmula 1 de San Marino. Torpe de mí, resulta, picaresca aplicada a la F1, que había dos premios en Italia, o al menos en suelo italiano. El Gran Premio de Italia se celebra en Monza, y el Gran Premio de la República de San Marino, que no tiene circuito, tenía lugar en Imola, por tanto en Italia pero técnicamente organizado por otro estado.

Ravenna (o Rávena)

Al lado está Rimini, y bastante cerca Rávena, o Ravenna. Decidimos dedicar la tarde a Ravenna, pese a que por la hora ya no podríamos ver una de sus maravillas, a saber, la gran colección de mosaicos del siglo VI en la Basilica di San Vitale. El paseo, es amable, relajado, y sin la visita a los mosaicos no lleva más de una tarde. Dejamos la furgoneta junto al hipódromo, hay algunas zonas de aparcamiento gratuito. También puedes seguir hasta la estación de tren. A partir de aquí es zona de tráfico limitado, atención.

El palacio de Teodorico (del que poco queda), la Basilica de San Apollinare Nuovo:

Ravenna. San Apollinare Nuovo
Ravenna. San Apollinare Nuovo

El Battistero degli Ariani, en el que puedes entrar gratuitamente (y lo encontramos abierto) y asomarte a un precioso mosaico:

Ravenna. Battistero degli Ariani
Ravenna. Battistero degli Ariani

O Santa Maria Maggiore:

Ravenna. Santa Maria Maggiore
Ravenna. Santa Maria Maggiore

San Vitale y sus mosaicos, o el mausoleo di Galla Placidia, previo pago y en horario, nosotros nos conformamos con pasear por su exterior y los alrededores:

Ravenna. Basilica di San Vitale
Ravenna. Basilica di San Vitale
Ravenna (calle)
Ravenna (calle)

O el Battistero Degli Ortodossi, la Cappella Di S. Andrea y el propio Duomo, todos en la zona.

Ravenna. Duomo
Ravenna. Duomo

Y poco más, entramos en un supermercado a comprar algo para luego cenar en la terraza del hotel, y vuelta a la furgoneta, para cerrar un día que, sin tener la espectacularidad de Venecia o Florencia, resultó simpático y armonioso.

Ravenna. Porta Sisi (trasera)
Ravenna. Porta Sisi (trasera)
Recorrido por San Marino
Recorrido por San Marino
Recorrido por Ravenna
Recorrido por Ravenna

Y con esta visita a San Marino y Ravenna, resta un día para terminar la “crónica”, en breve: Padua y Ferrara.

 

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