Viaje a Italia – Bolonia

Viaje a Italia: Emilia-Romagna (y un día en la Toscana)

Bolonia

Tras un vuelo sin mayores complicaciones, llegamos a Bolonia, al aeropuerto Guglielmo Marconi (ilustre ingeniero nacido allí hace casi siglo y medio). Durante el trayecto en avión aprendimos ya unas frases en italiano. La primera, “no grazie”, practicada hasta el aburrimiento ante las sucesivas ofertas de perfumes, bocadillos, joyas, revistas, bebidas, loterías y distintas tómbolas con que los sufridos auxiliares de vuelo nos atacaron.

Pasamos a recoger las llaves de la furgoneta. La amable chica del mostrador nos advirtió que teníamos que ir “despacito” al salir del edificio de aparcamiento. Más que “despacito” lo que tendría que habernos indicado era que nos tomáramos un Valium. El techo de la furgoneta quedaba tan cerca del techo del parking que continuamente escuchábamos cómo todas las señales colgadas “acariciaban” el metal encima de nuestras cabezas. Para nuestra tranquilidad, la amable señorita nos informó de que el plus que habíamos contratado en el seguro, que teóricamente eliminaba toda franquicia y cubría todo riesgo, en realidad era “casi todo” riesgo. A que no adivinan ustedes qué quedaba excluido del seguro… exactamente, el techo de la furgoneta. No es un chiste, no.

Bolonia, vista del recorrido
Bolonia, vista del recorrido

Menos mal que logramos salir sin taquicardia ni infarto alguno, y llegar al hotel sin más sobresalto. Está en la zona de la feria (de congresos, no de atracciones). No es una localización con encanto, pero es grande, moderno, limpio, barato (para familias), con desayuno, con piscina, y cerca de la circunvalación, situación conveniente para nuestros planes de movernos cada día a una ciudad distinta.

Para ese día, tras comer a base de empanada que llevamos desde casa, y un relajante baño en la piscina, teníamos decidido visitar Bolonia.

Armados con un mapa de la ZTL (zona de tráfico limitado), buscamos una zona “segura”. Hay un parking muy bien situado, al norte de la zona centro. Está un poco al sur de la estación de tren y de autobús, en la Piazza dell’8 Agosto. Si vais en coche es un buen sitio, aunque el copiloto tiene que estar bien atento porque para llegar a él hay que bordear la ZTL. De todas formas con el techo alto de la furgoneta no entrábamos (y tras lo del seguro, ¡como para arriesgarnos!), nos marchamos a otra zona al oeste, donde hay otro gran parking (Riva di Reno) y se puede callejear sin mucho riesgo si queremos dejar la furgo en la calle.

Caminamos hasta la Via dell’Indipendenza para después recorrer esa calle hacia la plaza. Pudimos ya comprobar lo que habíamos leído previamente, que Bolonia es conocida como la ciudad roja, tanto por su supuesta ideología política como por el color del ladrillo que se usa en casi todas las construcciones.

Bolonia, detalle
Bolonia, detalle

A mitad de camino nos desviamos ligeramente para acercarnos a la Via Piella. Allí se conserva uno de los varios canales que atravesaban la ciudad, que con el tiempo el “progreso” fue soterrando. No es especialmente pintoresco, pero resulta curioso encontrar un rincón así entre tanto asfalto y empedrado.

Bolonia. Canal en Via Piella
Bolonia. Canal en Via Piella

Seguimos hacia la plaza, tras comprobar que lo del ladrillo se cumple incluso en las iglesias y palacios. En muchas ocasiones les confiere un aspecto sobrio. Siento decirlo así, pero acostumbrados a la filigrana en piedra de Villamayor, una fachada de ladrillo desnudo no llama tanto la atención.

Bolonia. Fuente de Neptuno
Bolonia. Fuente de Neptuno

La entrada a la plaza fue bonita. La estatua de Neptuno llama la atención antes de llegar, aunque según te aproximas otras maravillas van asomando a izquierda y derecha. Palazzo Accursio, Palazzo Re Enzo, Biblioteca Salaborsa –antigua bolsa de comercio-, Basilica di San Petronio, Palazzo de Banchi… apetece dedicar un buen rato a pasear la mirada mientras le das un respiro a las piernas. La “Piazza” era un hervidero de actividad, pese al calor imperante.

Bolonia, Piazza Maggiore
Bolonia, Piazza Maggiore

Desde allí seguimos hacia el sur, bordeando San Petronio, que estaba en obras. Sin ser una ciudad despampanante, de vez en cuando tropiezas con rincones interesantes, como la decoración del techo de uno de los pórticos que hay por doquier

Bolonia, Piazza Cavour
Bolonia, Piazza Cavour

o una reja escondida en el camino

Bolonia, detalle
Bolonia, detalle

Tras dejar atrás el Palacio Archiginnasio, primera sede de la universidad más antigua de occidente (nada menos que en el 1088), llegamos a nuestro siguiente destino, que lo fue también, y final, de Santo Domingo de Guzmán. El cual tras nacer en Caleruega, Burgos, fue a morir en Bolonia allá por el siglo XIII, tras viajar por media Europa y sacar además tiempo para fundar la Orden de Predicadores, o séase, los Dominicos. De él reciben su nombre la Piazza San Domenico y la Basílica homónima.

Bolonia, Piazza San Domenico
Bolonia, Piazza San Domenico

Dedicamos unos minutos a la plaza y entramos en la basílica, sencilla en sus líneas, sin que mi comentario signifique menosprecio, faltaría más, pero con alguna que otra sorpresa si alzabas la mirada al cielo, o localizabas las reliquias del Santo, rodeado en su descanso final por bellas estatuas de Nicolò Pisano, Nicolò dell’Arca y de un joven Miguel Angel.

Bolonia, San Domenico
Bolonia, San Domenico

Tras unos momentos de recogimiento, seguimos el paseo por las calles de Bolonia, capturando a veces estampas que invitaban a recordar su medieval pasado.

Callejuela en Bolonia
Callejuela en Bolonia

Tranquilamente llegamos a Santo Stefano, Piazza e iglesia. La plaza es muy agradable, flanqueada por palacios, entre los que destaca, también por lo cuidado que está, el Palazzo Isolani.

Bolonia, Piazza Santo Stefano
Bolonia, Piazza Santo Stefano

Italia, al menos en su momento actual, es un contraste entre edificios cuidados, con su ladrillo rojo de verdad, sus ventanas de apuntados y moldurados arcos, fachadas de saturado color, blasones y medallones…

Bolonia, Palazzo Isolani, detalle
Bolonia, Palazzo Isolani, detalle

…frente a adefesios sucios en los que se ciegan los vanos y se abren escuadradas ventanas que acongojan la mirada y rompen toda buena intención del arquitecto. Arquitecto que, sin duda, está revolviéndose en su tumba:

Bolonia, amputaciones en Piazza Santo Stefano
Bolonia, amputaciones en Piazza Santo Stefano

Cierra la plaza la iglesia de Santo Stefano, conjunto de construcciones, ampliaciones y superposiciones, hasta siete iglesias en una dicen las guías, que es agradable por fuera a la par que collage incomprensible por dentro. Sorry, no tengo foto del interior.

Bolonia, Santo Stefano
Bolonia, Santo Stefano

Un alto en la plaza nos permitió hacer algún amigo que muy paciente esperaba a sus dueños:

De espera
De espera

Seguimos camino, hacia el símbolo de la ciudad, a saber: dos de las muchas torres de imposibles proporciones, que habitualmente cuajan los pueblos y ciudades de la zona. O cuajaban, pues quedan en pié sólo algunas de las, dicen, cien que había sólo aquí en el Medioevo. Son imposibles figuras que se me antojan como las torres de bloques de construcción que los niños apilábamos de pequeños, en un equilibrio inestable y que a la mínima siempre terminaba en el suelo, para solaz y regocijo del infante. Estas dos tienen nombre, Asinelli y Garisenda. La una se alza como centro del que salen, cual radios, todas las calles de la zona. La otra inclinada, y mucho, que no sólo Pizza va a tener la suya. Y tan escorada, que yo no me quedé tranquilo hasta que libré su sombra. Parece ser que ya no se puede subir. A la otra sí, pero las vistas llegarían como premio tras subir casi quinientos escalones. No, grazie.

Por aquí hay una afamada y barata pizzería que vende porciones por algo más de un euro. Se llama, como no podía ser de otra manera, Pizzeria Due Torri. Mas no pudimos disfrutar de sus bondades, pues estaba cerrada, cosa rara en un bar, restaurante o similar, en un día festivo como lo era aquel de nuestro viaje.

Bolonia, torre Asinelli
Bolonia, torre Asinelli

Tras un rato deambulando por la zona universitaria, nos dirigimos poco a poco de vuelta a la plaza. Tras el fracaso de la recomendada pizzería ya andábamos pensando en buscar pitanza, aunque antes callejeamos un poquito y entramos a curiosear en el Palazzo Accursio, sede del Ayuntamiento.

Bolonia, Palazzo Accursio
Bolonia, Palazzo Accursio
Bolonia, dentro del Palazzo D'Accursio
Bolonia, dentro del Palazzo D’Accursio

Cerca del canal que comenté, al comienzo de nuestro recorrido, encontramos un lugar para cenar que tenía buena pinta. Como pizza buscábamos, pizza pedimos. Para otro día quedarán los spaghetti alla bolognese, o la mortadela boloñesa. Recordad, la pizza suele ser barata y con un tamaño que, dependiendo de la persona, da para dos –aunque se paga cubierto por cada cabeza, compartan pizza o no-

Edito y añado: razón lleva Caperucita Roja en su comentario. Tras la pizza, digestivo y rico helado. Para eso no hay problema, a la vuelta de cada esquina hay casi siempre una gelateria.

Bolonia. De cena, pizza
Bolonia. De cena, pizza

Y sin más, debido al madrugón, decidimos ir en busca de Morfeo para comenzar el día siguiente con energía renovada.

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