Viaje a Dublín – Día 3

Tercer día

El día amanecía nublado, y por la tarde llovió, limitando bastante las horas que pudimos dedicar a pasear. Sin haberlo pretendido las dos visitas principales que realizamos fueron a dos de los lugares que recuerdan y simbolizan un sentimiento muy arraigado (o al menos así lo observo) en Irlanda: su afán de superación ante catástrofes o adversidades. Dos episodios marcan su historia de una forma que ha determinado su carácter: la gran hambruna de mediados del XIX, catástrofe social y económica, motivo principal del gran movimiento migratorio por el que Irlanda es conocida en todo el mundo; y el sentimiento nacionalista, su lucha por la independencia del Imperio Británico.

Pasillo en Kilmainham Gaol
Pasillo en Kilmainham Gaol
Puerta de una celda
Puerta de una celda

Por la mañana visitamos la cárcel de Kilmainham (Kilmainham Gaol). Está alejada del centro, así que es conveniente que uses el Luas junto con un paseo, o una de las líneas de autobús que circulan por la margen del río. Aunque su vestíbulo principal, su imagen más popular, tiene un obvio interés arquitectónico, lo que más marca la visita es imaginar la vida que tuvieron que soportar los internos, tanto aquellos que pasaron algún tiempo en ella por motivos políticos, como los que lo hicieron por los crímenes o la desesperación derivados de la gran hambruna. Cuesta creer que nadie sobreviviera al frío y las duras condiciones de la prisión. No te dejará indiferente. Grupos de voluntarios la rehabilitaron para que pudiera ser visitada, y lamentablemente en el momento de nuestra visita tenía zonas cerradas al público –entre ellas el vestíbulo principal-. Debido a ello el precio tenía un importante descuento y pese a no ser una visita completa, decidimos entrar.

Al margen de la parte arquitectónica -truncada en nuestro caso- podrás ver una exposición de objetos y descripciones de la vida en la prisión. Es una interesante visión de un episodio trascendental en la historia de Irlanda, y la visita guiada (obligatoria, en el interior de la carcel no puedes ir a tu aire) es sobre ese tema, únicamente en inglés.

Molly Malone
Molly Malone

Desde allí paseamos por los alrededores de la calle Grafton, donde nos encontramos con el lugar donde ahora está la estatua de Molly Malone. La mujer no tuvo más mérito para pasar a la historia que aparecer en una popular canción, pero el caso es que allí tiene su estatua. La zona tiene muchos comercios y restaurantes, curiosamente cerca de Molly encontramos uno llamado Zaragoza y un “Tapas-bar” llamado Salamanca. No nos detuvimos, nuestra intención era visitar el cercano St Stephen’s Green, uno de los parques públicos más antiguos de Irlanda.

Camino en St Stephen's Green
Camino en St Stephen’s Green
Estanque en St Stephen's Green
Estanque en St Stephen’s Green

Si llegas por la calle Grafton, y tras pasar bajo el Fusilier’s Arch, podrás pasear entre numerosas zonas verdes o junto a un estanque rodeado de zonas arboladas con sugentes caminos, mientras contemplas varios monumentos a importantes personajes irlandeses. El parque es otro lugar ideal para un paseo tranquilo y un momento de descanso entre visitas. Desde allí se llega fácilmente al río volviendo por la comercial calle Grafton, en la que, dada la hora, buscamos y encontramos un lugar para comer.

En Grafton Street
En Grafton Street

Y al llegar al río, caminando hacia el mar podrás admirar el edificio neoclásico de Custom House. Ya no sirve al cometido para el que fue construido y le da nombre (aduanas e impuestos), y ahora es la sede del Ministerio de Medio Ambiente. Si paseas por allí de noche podrás deleitarte con su iluminado reflejo en las aguas del río.

Custom House
Custom House
Famine Memorial
Famine Memorial

Poco después, tras el monumento conmemorativo de la hambruna se llega al Jeanie Johnston, réplica de uno de los barcos que transportaron a miles de emigrantes de Irlanda a Norteamérica. Si bien en las visitas que hasta ahora he comentado encontrabas algo de material en español, o incluían expositores en los que era sencillo imaginar la historia, la visita al barco no te resultará interesante salvo que entiendas bien el inglés. Aunque siempre es curioso y atractivo subir a una réplica de un barco histórico, en este caso el grueso de la visita es la larga charla que la guía te da sobre las condiciones de la vida a bordo y la historia de la emigración irlandesa, y si no eres capaz de comprenderla me temo que te aburrirás soberanamente. La guía muy amablemente accedió a hacer alguna que otra pausa para que pudiera ir traduciendo su explicación a otros compañeros de viaje, y en conjunto la visita nos resultó interesante.

Jeanie Johnston
Jeanie Johnston
Jeanie Johnston - detalle
Jeanie Johnston – detalle

Desde el Jeanie Johnston decidimos dirigirnos a otra visita interesante de Dublín, la única con un horario, digamos… bastante más amplio: The Church. Fácil de localizar, sólo hay que seguir hacia el oeste por Abbey Street. Según reza en su web son un “Café, Bar, Restaurante, Club nocturno y Atracción turística”. Y es que fue una iglesia, en concreto la Iglesia de St Mary de Irlanda, de la que conserva su forma y su interior. Literalmente, tomarás tu pinta mirando las vidrieras y el espectacular órgano, sentado junto las placas de marmol y grabados. Aquí se casó Arthur Guinness (el de la cervecería), aquí venía a los servicios Jonathan Swift (el de Los viajes de Gulliver), y en el órgano de esta iglesia practicaba Haendel (el del Mesías, que por cierto estrenó aquí en Dublín).

El ambiente es muy agradable, pueden entrar niños hasta una determinada hora, y a última hora de la tarde/noche suele haber música y baile en directo. La galería superior de las naves laterales sirve de restaurante, mientras que el resto de la iglesia es café-bar, y en los subterráneos hay un club nocturno. Mucha gente, muchos camareros atentos, en definitiva un lugar curioso en el que disfrutamos de unas horas de agradable charla entre buenos amigos.

The Church - interior
The Church – interior
The Church - detalle
The Church – detalle
Danzas en The Church
Danzas en The Church

Y entre pinta y pinta, llegó la hora de volver: cena y café tranquilo en el hotel mientras recordamos el día pasado y planificamos el que está por venir.

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