Ottawa (14 de noviembre de 2009)

Ottawa no es la ciudad grande que cabe esperar, siendo como es la capital de la nación. Aun con señas de identidad propias (sobre todo la absurda presencia del doble de anuncios, tanto oficiales, como en tiendas y publicidad, en inglés y en francés) su semejanza a las ciudades del norte de Estados Unidos es tremenda, en las construcciones, en el diseño y el estilo del urbanismo, en las costumbres, en la presencia y respuesta policial, en los comercios…

El día 14, que era sábado, visitamos la calle Sparks, peatonal, con tiendas de todo tipo.

(clic en las fotos para agrandarlas)

Calle Sparks
También la zona del Parlamento, al lado, completamente inglés. Bonito y agradable, con sensación de amplitud por la presencia del ancho río Ottawa y las zonas verdes que rodean al complejo de edificios.

Parlamento, en Ottawa
Reflejos del parlamento
Parlamento, en Ottawa
La presencia de la lluvia y el viento estropeó nuestro paseo, y nos permitió degustar… el horrible café que toman por toda América del Norte, en grandes barreños, por litros al día sin sabor, ni presión, ni “densidad”. En fin, el camarero era muy amable y simpático.

Tras otro intento (frustrado) de pasear, decidimos entrar, cual oriundos del lugar, a un macro centro comercial, a curiosear y a comer. Están bien montados, de cara al consumismo exagerado, y pierdes la consciencia de la noche y del día, incluso de la época del año. Siempre a la misma temperatura, e iluminación, sin apenas ventanas, podrías pasar aquí horas y horas dejándote llevar sin pensar si es la hora de comer, de dormir, si es invierno o verano. Parece que los jóvenes tienen la costumbre de “quedar” para pasar el fin de semana en estos sitios. Una cosa es utilizarlo (yo los utilizo, no lo negaré) y otra cosa es que tu mayor emoción intelectual o de esparcimiento con los amigos sea pasarte sábado y domingo en ellos. Así nos va (o nos irá en unos años).

Curiosa la utilización de los espacios comunes, con grandes plazas y montones de mesas donde llevas tu comida, pues cada persona del grupo elige el restaurante de comida rápida en el que pedir. Ves mucha gente, pero completamente aislada. Cada uno en su mesita, sin interactuar con los vecinos, a su royo. Muchos ojo avizor, para tomar posesión de la primera mesa que quede libre. Y esto, a cualquier hora del día, igual. ¿A qué hora se come aquí? a todas.

A comer
Y a las seis, al hotel, que andamos cansadillos del bajadón tras el subidón del día anterior, y porque ya está todo cerrado y aquí el sol se pone a las cuatro de la tarde. De camino visitamos el final del Canal Rideau, navegable gracias a su sistema de esclusas, que llegada esta época cierran al tráfico, pues se hiela. Está considerada la mayor pista de patinaje, pues a esta actividad dedican sus últimos 12 km. Desde allí se ve el río Ottawa, la vecina Gatineau, y el mítico Hotel Château Láurier, junto a la estación del tren.

Château Láurier
Esclusas
Canal Rideau
Río Ottawa y Gatineau
Canal Rideau de noche
A las nueve cenamos en la calle Sparks, que nos quedaba cerca del hotel y ofrecía varias posibilidades incluso “tan tarde”.

Visita el día anterior, el día siguiente, o el índice de viajes y excursiones.

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Ottawa (12 y 13 de noviembre de 2009)

(clic en las fotos para verlas más grandes) Copiando a Les Luthier, diré que nuestras primeras impresiones en Canadá, fueron...

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