Compartir espacio con la bicicleta

Es agradable observar como cada vez hay más gente que usa la bicicleta en Salamanca. Tal vez es impresión mía, pero últimamente no hago más que ver gente sobre dos ruedas por todas partes.

No creo que yo merezca auto-titularme como ciclista, o usuario habitual, pues aunque quisiera utilizar tal vehículo más a menudo, ni por trabajo ni por organización familiar puedo hacerlo más que de guindas a brevas.

Aún así, si puedo, lo hago, incluyendo, de tanto en vez, ir de mi casa al trabajo. Tiendo a evitar carreteras, no me gusta el ciclismo de “tubo de escape”, y procuro rodar por los alrededores de mi casa, por caminos. No obstante a veces no es posible evitar el asfalto (caminos cortados, verjas donde no debiera haberlas, entorno de la ciudad completamente asfaltado, etc).

Una vez en la ciudad evito calles conflictivas, con tráfico intenso o veloz, o busco alternativas a zonas de cuestas pronunciadas o prolongadas. Esto implica, en ocasiones, pasar unos metros por alguna zona peatonal, o subirme unos metros a la acera para pasar de una bocacalle a otra sin circular por zonas de especial peligro. Supongo que, pese a estar incumpliendo nosecuantas normas, alguna diferencia habrá entre cruzar 20 metros de la calle toro y el paso de peatones de la avenida Mirat a una velocidad más que prudente para no tener que arriesgar mi vida en la rotonda de la Plaza de España, o ir toda la Rúa, Plaza Mayor y calle Toro con la vía llena de peatones, esquivando gente a toda velocidad.

Me tengo que tragar la fama de los ciclistas que sí circulan por dirección prohibida, que se saltan los semáforos en rojo, que vuelan por calles peatonales muy concurridas, y debo aguantarme con las normas que a priori me suponen igual que ellos.

¿Os acordáis de la película Demolition Man?, unos apartitos automáticamente detectaban infracciones y emitían la correspondiente sanción, sin intervención humana. Mejor sería comprar unos ordenadores de esos, pues es la función que realizan muchos (no todos) policías y legisladores. Si tenemos gente con pistola y libreta sancionadora, o legisladores con poder para crear las normas, es para que tengan criterio, y juzguen el espíritu de la norma, y no su literalidad.

Y es que, ¿para qué voy a escuchar a todos los que dicen (incluido mi sentido común) que es mejor evitar el coche para no contaminar, para no utilizar combustibles derivados del petróleo, para no saturar las calles de tráfico, para no tener que dejar el coche mal aparcado o pasarme media hora echando humo mientras busco dónde dejarlo bien?. ¿Para qué voy a escuchar a todos los médicos que dicen que debo hacer ejercicio cardio-saludable si no quiero ser obeso, padecer de ateroesclerosis, tener riesgos elevados de infarto, etc?. ¿Para qué voy a disfrutar de un paseo al aire libre, compartiendo civilizadamente la ciudad con peatones y vehículos?. (NOTA: edito esta entrada y añado este párrafo, pues leo algún artículo que actualiza esto que digo. Supuestamente, si no vas a velocidad excesiva, puedes circular por zonas peatonales y aceras. Espero que esto no sea una frase para quedar bien del señor concejal, pues la norma contempla 3.000 euros para las infracciones graves, y el no aplicarlo y permitir lo dicho me temo que obedecerá a la buena voluntad o a las indicaciones de la concejalía, que como vienen, se van.)

Por cierto, en el carril bici se puede ver a gente paseando, a estos no les ponen multa. Hace poco, circulando por la calzada, como los coches, oiga, casi atropello a una chica que cruzaba sin mirar. Como no llevo motor ni hago ruido no me escuchó, pero es que ni se dignó a girar la cabeza antes de pisar el asfalto. Para esta tampoco hay multa.

En el fondo, mucho mejor pillar el coche, encerrarme en el tráfico, cabrearme con los atascos, soltar humo sin parar, contribuir al caos circulatorio, engordar como un cochino, pagar ORA, garaje, gasolina, y mantenimiento del vehículo. Sin duda alguna. Claro, hay que evitar peligro para el peatón, no puedo estar más de acuerdo, pero con sentido común.

Tal vez el problema estriba en que nuestros insignes gobernantes hace un tiempo que dejaron de utilizar la bici. No obstante lo que sí hay que reconocer es que saben arreglar el tema del aparcamiento. Ellos no tendrán que dar vueltas y vueltas, total, el de Los Bandos no les queda nada a desmano para ir al trabajo ¿verdad?.

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