¿Y las estrellas?

Eclipse de luna, 21 de febrero de 2008, desde Peñasolana, Salamanca
(Eclipse de luna el 21 de febrero de 2008, clic en la imagen para verla más grande)

Hay muchos capítulos, dentro de las llamadas “ciencias”, que ofrecen una perspectiva dual y amplia, de forma que maravillan a todos, independientemente de que tengan una formación científica o no.
Así, unos pueden encontrar el placer en la simple observación, en el asomarse a algo infinitamente bello, de dimensiones inimaginables, e incomprensible para la mayor parte de las mentes. Otros, además de este último acercamiento, también añadirán la dimensión del conocimiento, el saber el por qué de un proceso, el qué y el cómo ha generado algo que tenemos delante.
De esta forma, las estrellas han generado multitud de historias, muchas ya pertenecientes a la mitología, otras contemporáneas, o meras excusas de otros relatos o reflexiones. También obras pictóricas, música, poesía. Y cómo no, sin olvidar las noches pasadas en una manta al raso viendo las Leónidas, o cualquier otra lluvia de meteoros, o maravillándote de la vía láctea, de algún cometa en tiempos visible a simple vista, o, sin más, de ver tantos puntitos brillantes jalonando la noche, y disfrutando de visión que nos extasía.

Si además puedes completar esto con algo de información, no necesariamente ecuaciones y teorías de la relatividad, por ejemplo documentales de divulgación, de los tantos que explican con palabras cercanas los objetos celestes, el disfrute es mayor. Si a esto le unes algún amigo, novio, tus hijos, alguien a quién iniciar en la materia o con quien compartir el momento, nos encontramos con uno de esos momentos que todos, al menos yo sí, tenemos en la memoria como algo bello, placentero, de disfrute pleno, de relax, de emoción.

Lo que me ha incitado a la reflexión siguiente, ya comentada ampliamente en multitud de sitios, pero que no por ello deja de fastidiarme, ha sido la comparación entre lo que yo veía desde mi casa, lo que veo ahora, y lo que vi anoche, junto con mi mujer, mis hijos y un grupo de amigos, en un pueblo de la Sierra de Francia, aquí en Salamanca.

Cielo desde Peñasolana, hacia el Norte, 22 de febrero de 2008
(Cielo desde mi casa hacia el N)

Vivo a diez kilómetros de la capital charra, y hace no mucho, unos diez años, con mi mujer, entonces sin niños, de tanto en vez salíamos fuera de casa, en zapatillas de andar por casa y en pijama. Si era invierno con unas mantas y un cafetito, si era verano, disfrutando de las temperaturas nocturnas. A veces con el telescopio, pequeño, muy amateur, apenas algo para iniciarse, pero parece que ver las cosas por el ocular le da una dimensión diferente. Otras con unos prismáticos, con la cámara de fotos o simplemente a charlando mientras mirábamos “para arriba”. Y veías cielo, estrellas, planetas, algún avión, alguna estrella fugaz, un satélite artificial…

El otro día salimos de nuevo, para revivir esos momentos felices y deseando compartir y enseñarlos a tus hijos, y regresamos defraudados.

Ya sé que cerca de las ciudades tampoco puedes aspirar a mucho, pero me niego a creer que no se pueda hacer algo, pues estoy comparando los mismos lugares con diez años de diferencia, y ha habido cambios.

De todo mi horizonte, cerca de 180 grados están con una asquerosa luz anaranjada de la ciudad, que aun sin tenerla a la vista, me impide ver todo el cielo desde el noreste hasta el suroeste. Hacia el sur, una enorme torre de comunicaciones, con unas luces estroboscópicas para supuesta ayuda a la navegación aérea que permiten tomar fotos de noche sin uso del flash –no es exageración, hasta quejas tienen en el ayuntamiento, de ganaderos a los que los animales no les duermen-.

Cielo desde Peñasolana, hacia el Oeste, 22 de febrero de 2008
(Cielo desde mi casa hacia el O)

Se supone que estamos de crisis energética, que incluso lleva a esta ya famosa crisis económica, que no estamos realizando un crecimiento sostenible, y tantos mensajes que nos lanzan. Y nos inundan de anuncios en los que, so pena de ser calificado como poco ecológico, poco eficiente, o peor, mal ciudadano, instan a ahorrar electricidad, a no poner o moderar el aire acondicionado o la calefacción, a cuidar el grifo cuando te cepillas los dientes. Lo que yo pueda ahorrar en electricidad en un año no es nada comparado con una sola de las innecesarias farolas que jalonan, cual árbol de navidad permanente, las carreteras de circunvalación a la ciudad. Tampoco son nada con el derroche de los monumentos iluminados para propios y turistas cada día del año. Lo que todo mi pueblo ahorra en un año en luz y agua no es nada, es ínfimo, comparado con lo que malgasta la industria en un solo día, y aún no he visto anuncios para ellos, ni datos, ni leyes, que no sean las que permiten continuar con esto, pagando a terceros países por cuotas de papel, y moratorias, y tonterías varias.

No seré yo, en una ciudad que depende tanto del turismo como Salamanca, el que abogue por un apagón en las catedrales, pero, ¿no puede estudiarse una iluminación que se vea desde la plaza de Anaya, pero no en 40 kilómetros a la redonda?. Estoy a favor de la seguridad vial, pero ¿no pueden colocar las farolas más espaciadas, o en las rotondas, o iluminar los carteles informativos, como en otros países, y no toda la carretera?, ¿no pueden los señores ingenieros idear una farola que ilumina exclusivamente hacia abajo, y no hacia el cielo?. Perdón, los ingenieros sí lo saben hacer, son los políticos los que no quieren pagar lo que cuesta, o les parece más bonita otra que es redonda, y que desperdicia la mitad de su iluminación lanzándola a contribuir a la radiación de fondo espacial, o quizá es que su sobrino trabaja en esa fábrica, o es un conocido con el que casualmente se fue invitado de cacería una vez a un país africano.

Esto me dolió mucho más ayer, pues a 70 kilómetros de la capital el espectáculo  te maravilla, y de repente vuelves a ver estrellas. Ojo, yo en casa también veo, pero uno de cada 30 días, y una porción muy pequeña del cielo.

Los niños de hoy en día, al menos los urbanitas, que son la mayoría, y cada vez más, desconocen que la leche la dan las vacas, y te contestan, algunos, que viene de las cajas del supermercado. Otros, aún sabiendo el animal que la produce, no han visto unos cuernos de cerca en su vida. En algunos colegios ya se apresuran a corregir esto, programando, al menos, alguna visita a una granja.

Lamentablemente las estrellas, la vía láctea, las lluvias de estrellas, para la gente de las ciudades y de su entorno, también es algo que ahora ya sólo se puede conocer en los libros.

Cielo desde Peñasolana, hacia el Norte, 22 de febrero de 2008
(Cielo desde mi casa hacia el S)

Coméntame, y tú ¿qué cielo ves desde tu casa?

Juanfran

  • caperucita

    Hola Juanfran, espero que leas este mensaje, que es lo más que puedo hacer desde Pontevedra. Espero que renueves el blog, por favor.

  • Hoy veo un cielo gris. Pero, definitivamente, cuando veo cinco estrellas, se me ilumina la cara, es como una fiesta.

    Interesante post.

    Gracias.

  • Juanfran

    caperucita, tiempo, que acabo de llegar de Burgos.

    Poemas, gracias a tí. He estado unos días en Burgos, y alguna estrella se veía, pero hace un par de días, que teníamos eclipse parcial de luna, “el” día de lluvia de la quincena nos tapó la visión del acontecimiento.

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