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Cuaderno dispar

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Ottawa (15 de noviembre de 2009)

Nos recomendaron visitar algún museo, y la verdad es que fue un buen consejo, pues terminamos la mañana encantados con los dos que elegimos. Primero al Canadian War Museum, donde conocimos a un guardia de seguridad que nos alegró el día, de Djbuti, terminando el doctorado en Canadá, y trabajando para conseguir algo de dinero. Nos atendió francamente bien, con abundantes y útiles explicaciones del museo y su contenido, y con mucha amabilidad.

En cuanto al edificio, curioso, en una zona ajardinada muy amplia. Se agradece tener amplitud para la vista, y no verte encastrado en museos encerrados en cascos urbanos congestionados. Sí, hay que ir en taxi o en autobús, o con una buena caminata, pero para mí merece la pena.

Canadian Museum of War

Tras visitar una zona dedicada al camuflaje, otra con una historia de la guerra. Muy bien montada. Muchísimos modelos y maquetas de todo tipo, incluso zonas a escala natural que debías atravesar, como una trinchera, o una casa en combate. Profusas explicaciones, muchos vídeos y diagramas, y zonas “para tocar” con cascos e incluso chaquetas para hacerte fotos, o actividades propuestas. Todo muy alejado del museo “de vitrinas” al que nos tienen acostumbrados en España. Interesante para adultos y atractivo para niños.

Maqueta

Vaya par de soldados

¿mi casa?

Zonas dedicadas a la historia de Canadá, zonas de los conflictos mundiales, su contexto global y sus particularidades nacionales, te invitaba a contemplar los resultados (desastres) de la guerra, sus consecuencias, y los esfuerzos dedicados a evitarla. Espías, guerra fría, políticos, prisioneros de guerra, economía y sociedad de la posguerra, muertos y heridos, organizaciones dedicadas a evitar la guerra… todo está contemplado. Incluso una zona para poder escribir, con postales con la dirección ya escrita (muchas, para Naciones Unidas, el Presidente de Estados Unidos, etc.) y compartir tu opinión sobre la guerra, o para evitarla, o lo que quisieras.

Mamá, me voy a la guerra

Guerra de hombre blanco

¿Qué les diría?

Juegos de guerra

Desde allí cruzamos al río, a la vecina ciudad de Gatineau, al museo Canadiense de la Civilización. Otro diez. También espacioso, y muy bien montado, igualmente fácil de visitar por adultos con niños. Muchos tótem y cabañas en diferentes estilos de los primeros (¿primeros?) habitantes de la zona, con abundantes muestras de su cultura, su construcción, la religión, la vestimenta…

Cráneo

Canadian Museum of Civilization

Cabaña1

Cabaña2

Ropa india

Tipi indio

Ropa india

Tras esto visitamos otra zona dedicada a la historia de Canadá. Pasabas por una nave inmensa, con techos altos, en la que han “construido” un pueblo entero. Vas pasando por plazas, edificios de tamaño natural, en los que entras y puedes observar las construcciones, las costumbres, la ropa y los negocios más habituales de cada época. Una iglesia, una tienda de música, un café, una imprenta, la lavandería, hay de todo. Sin darte cuenta, de una plaza a otra, pasando por un pasaje, o un arco, o por la salida de una tienda, cambias de época, con una transición muy bien lograda. Una visita muy instructiva, interesante y agradable.

Cabaña ballenera

Curiosa combinación

Saloncito

Plaza

Imprenta

Iglesia

Otra zona del museo también preciosa es la dedicada a los niños. Con muchas calles y casas ambientadas en diferentes zonas del mundo, en las que podías entrar y participar en las actividades que proponían. Con un estilo muy bonito y divertido, un recreo para adultos y niños. Un barco con grúas para que muevan las cajas, un mercado sudamericano, una pirámide egipcia, un autobús de Pakistán, un teatro para dar rienda suelta a tu imaginación…

Sala de los niños 1

Sala de los niños 2

Sala de los niños 3

Sala de los niños 4

De la sala dedicada a Afganistán doy fe con la palabra, pues no estaba permitido realizar fotografías. Unos considerarán esta exposición un expolio intolerable, otros como la única manera de conservar o estudiar la historia de zonas convulsas, con guerras activas.

Exposición

Tras ver parte de una exposición dedicada al servicio postal, del “cara a cara” con personalidades de Canadá e Inglaterra (recordemos, estamos en la Commonwealth) decidimos prescindir, y del jardín zen la lluvia decidió que prescindiéramos.

Buzón

Vista desde el exterior del museo

Decidimos ir al mercado Byward, con sus puestos de fruta y verdura callejeros, multitud de pequeñas tiendas para comprar recuerdos y curiosidades, o ropa barata, y numerosos restaurantes. Elegimos uno de esos de “come todo lo que puedas por 15$. Muchas veces las películas, dibujos animados o números cómicos intentan parodiar la sociedad americana. Esto nos llega por la televisión, y, cuando lo visitas en persona, tienes la curiosa sensación de que parece que la realidad es una parodia de la ficción, de tan ridícula y exageradas que te parecen algunas costumbres y usos sociales.

En fin, el edificio era curioso, la gente muy amable, la comida buena (¡y abundante!).

Restaurante

Todos los mejillones que puedas comer…

Tras comer nos acercamos a la catedral de Notre Dame, de nombre y corte que recuerda (sólo recuerda) a su homónima francesa, que aunque curiosa en su interior es realmente simplona en su exterior. Aunque por la mañana visitamos una de esas librerías tipo centro comercial, con chorrocientos mil libros, y amplias zonas para tomarte un café y leer, decidimos entrar y comprar algún libro en otro establecimiento con más encanto, junto a Notre Dame, y que nos llamó más la atención (perdón por la horrorosa y movida foto, que además no es de esa librería, aunque sí de otra similar cercana).

Interior de Notre Dame

Notre Dame

Librería

Pasamos el final de la jornada igual que la anterior, descansito en el hotel, y a cenar, hoy a un italiano.

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