Munich (17 de enero de 2009)
Comenzamos el viaje desde Salamanca, “camino Madrid”, en coche y con autovía intermitente (NOTA: señores políticos, la autovía estará terminada, me da igual unos meses antes o después, no hace falta que me repitan cada día ni que ya casi está, ni que ya casi no está, por mí a ver si se ponen a pedir otras cosas que aún no tenemos en vez de las que sí).
Tras dejar el coche, fuimos hacia el aeropuerto, a ver si nos había tocado la lotería, porque entre huelgas de pilotos, de controladores, falta de organización de AENA, overbooking, nevadas y ventiscas, que el vuelo saliera iba a ser cosa de suerte. Al final ni buena ni mala, salimos. Con un retraso de algo más de una hora, pero salimos.
Después de un buen rato en el tren llegamos a Gilching, donde viven nuestros anfitriones, nieve por aquí y por allá, y un “frescor invernal” que estiraba el cutis bastante bien, pero contentos. Dorothee y Erich nos invitaron a cenar en un restaurante italiano (donde degustamos un tiramisú, según decía el camarero bien orgulloso, “senza uovo”).
La calefacción funcionaba de maravilla, afortunadamente, así que el sueño fue reparador.
El sábado lo dedicamos en su mayor parte al turismo. El tren nos llevó hasta la misma Marienplatz.
Y sin haberlo organizado, llegamos a las 12 (vaaale, ya se, para llegar a esa hora lo cierto es que no tuvimos mucha prisa en levantarnos, pero es que además desayunamos de todo, incluyendo los famosos pretzel). Quiso el azar que a esa hora los muñecos del reloj del Rathaus (ayuntamiento) se suelen marcan un bailecito, que pudimos disfrutar junto al resto de turistas (¡me sentí como los que van a Salamanca a ver la rana!).
Entramos al ayuntamiento, donde había una exposición de urbanismo, con muchas maquetas de la ciudad, así como de edificios o zonas emblemáticas y de nueva creación, bastante interesante.
Nos marchamos, no sin sentir cierta envidia mientras pasábamos junto a un restaurante.
Paseamos hasta la Frauenkirche, la catedral, construida en el siglo XV, y reconstruida tras el desastre de la segunda guerra mundial.
Al entrar nos saluda el monumento funerario del emperador Luis IV.
…alguna vidriera…
…el órgano (que se note que somos músicos y nos fijamos en estas cosas, je)…
…y algún que otro detalle curioso.
La iglesia tiene el punto llamado “la pisada del diablo”, o “la huella del diablo”, que según una de las leyendas que circulan hizo un pacto con el constructor para construir la catedral sin ventanas, pero fue engañado, pues viéndola desde este lugar se aprecia la claridad pero éstas quedan ocultas tras las columnas.
Desde allí vamos en dirección a Odeonsplatz, por donde asoma una de las torres de la Theatinerkirche.
Por el camino asoma otra torre, aquí vemos la de Salvatorkirche.
Visita al interior de la Theatinerkirche.
Tras una paradita en un café cercano (San Francisco Coffee Company, la siguiente puerta a la iglesia), intentamos entrar a la Residenz, el antiguo palacio real de los monarcas Bávaros. Pese a ver alguna flecha indicativa, andábamos tan despistados que visitamos los (bonitos, por cierto) alrededores, gracias a los sucesivos intentos de encontrar la puerta de entrada:
Finalmente lo logramos, para encontrar el palacio más grande de Alemania. Contiene una gran colección de arte, amén de las 130 habitaciones que están abiertas al público.
Algunas piezas sorprendían por su belleza, o su laboriosidad, como San Jorge:
Otras eran, simplemente… curiosas:
Grandes colecciones de arte romano…
…oriental…
…jardines (Hofgarten, los jardines de la corte)…
…algún personaje escondido…
…y muchas, muchas habitaciones y salas de distintos tamaños y colores.
A la salida, fuimos a dar a la Max-Joseph-Platz. Aquí tienes una amplia panorámica (que se ve muy pequeña, en el enlace “panorámicas” de la derecha, podrás verla de manera interactiva, junto con otras de este mismo viaje, pero en unos días, please).
Justo a la salida, alguna que otra tienda con “baratijas”:
¿Relojes de 47.000 euros?, ¿móviles de 20.000?, me parece un desatino, personalmente no querría comprar esto ni siquiera si tuviera el dinero necesario. Ante el mareo de ver tales precios decidimos recuperar la presencia de ánimo en un Franziskaner cercano, que es infinitamente más placentero que llevar esos relojazos en la muñeca, e tremendamente más asequible para tiempos de crisis
.
Y de vuelta a Marienplatz, para tomar el tren de vuelta a Gilching, un par de horitas de ensayo (que no digan que no fuimos a trabajar), y cena con dos amigos flautistas de Dorothee y Erich, que vendrán a dar un concierto a Salamanca en Marzo.
Aunque siga después contando otros días del viaje, es obligado en este primero dar las gracias a Dorothee y a Erich, de amabilidad infinita, que nos atendieron e hicieron sentir como si estuviéramos en casa.
Y mañana… más.
NOTA:
Si quieres saber más (en inglés):
Marienplatz [wikipedia]
Neues Rathaus (Ayuntamiento nuevo) [wikipedia]
Catedral (Frauenkirche) [wikipedia]
Theatinerkirche [wikipedia]
Hofgarten [wikipedia]
Residenz [wikipedia]
Web de Gilching – en alemán [gilching.de]
Zum Franziskaner en Munich -en alemán [zum-franziskaner.de]
